Javier Franco TOPPER

18 de agosto de 2015

Relatos de fotos aire-aire, octava entrada: viene un Black Hawk disponible

El campo aéreo Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, ubicado en el fuerte militar de Tolemaida, fue el escenario para una nueva e instructiva experiencia tomando fotos de una aeronave a otra en vuelo. No fue sencillo lograr las fotos, pero los resultados valieron la pena. Además de las fotos aire-aire, quedan otras desde tierra bastante interesantes también.

Gracias a la gentileza y apoyo de mi amigo y colega Santiago Rivas, así como del departamento 5 de la DAVAA, se programó un viaje al fuerte militar de Tolemaida. Se organizaron dos días de trabajo que se transformaron en tres. Un viaje por tierra, hablando de la realidad del conflicto colombiano y de aviación, nos llevó a la base. Antes de comenzar hay que presentarse, y así lo hicimos frente a los comandantes de la unidad. La excelente actitud y disposición de ellos vaticinó buenas cosas.

Coincidencialmente, mientras conversábamos, cancelaban el empleo de un helicóptero en la extinción de un incendio cercano porque ya había sido controlado desde tierra. Una pequeña, pero breve decepción al saber que no contaríamos –por el momento- con la oportunidad de  fotografíar en dicha operación.

Comenzamos a trabajar y nos ocupamos en sacar imágenes en tierra de aeronaves. Mientras tanto se coordinaba lo del vuelo para las tomas. Todo tenía buena pinta. Aparentemente, los varios comentarios en broma que hicimos sobre la necesidad de que se reactivara el incendio para poder tomar fotos de su extinción desde el helicóptero hicieron algún efecto porque, después del almuerzo, nos informaron que se iba a hacer uso del sistema Bambi Bucket en el incendio que supuestamente ya se había controlado. Fuimos al trote bajo el sol con los más de tres kilos de equipo fotográfico hasta el Mi-17 que iba a salir.

Allí comenzó una hora y media de vuelo a bordo del Mi-17MD de matrícula EJC-3388 (c/n: 170M14). Luego del enganche del equipo de extinción de incendio, la tripulación llevó la aeronave a un lago cercano para cargar el agua. Se hicieron cuatro pasadas para acabar con el fuego.

Tomando agua a bordo del Mi-17
40 minutos después de aterrizar, un Bell UH-1H Huey II de matrícula EJC-5430 (c/n: 13354) realizaría algunos vuelos de entrenamiento, así que nuevamente corrimos a dicha aeronave y despegamos para aterrizar apenas dos minutos después en una zona adyacente a la pista. Allí desembarcamos y aprovechamos para unas excelentes imágenes desde tierra de maniobras de despegue, autorrotación y entrenamiento. Acabada esa acción, embarcamos nuevamente y fuimos hasta la zona del VOR de Girardot en donde se continuó con algunos vuelos de chequeo sobre el equipo.


Paisaje tolimense
El resultado del día había sido satisfactorio, pero no totalmente: quedaron faltando las fotos aire-aire que habían sido planeadas. Esperábamos lo mejor para el siguiente.

Con una lenta mañana en el segundo día, llegaron algunos indicios que auguraban lograr el vuelo. Todo se fue derrumbando poco a poco por la falta de disponibilidad de helicópteros; no por la falta de operatividad, sino porque en esta base se desarrollan muchos trabajos de mantenimiento y entrenamiento.

Pero la mala suerte cambió rápidamente cuando nos enteramos que venía un UH-60L Black Hawk que tendría remanente de combustible y disponibilidad para hacer unas cortas tomas aéreas.

Así las cosas, fuimos al briefing donde conocimos la misión de una de las aeronaves: trasladar un grupo de 42 alumnos de la Escuela de Suboficiales hacia un sector del fuerte para prestar seguridad. Se harían ocho viajes en un trayecto de 12 kilómetros ida y vuelta aproximadamente.

Mientras finalizaba el briefing esperábamos la llegada del Black Hawk, todo debía coincidir perfectamente y así fue, tuvimos que improvisar al saber que ese aparato arribaba con poco remanente disponible. El nuevo plan incluyó entonces dos viajes en formación durante el primer trayecto ida y vuelta de desembarco. Santiago iría en el Black Hawk y yo iría en el Bell UH-1N de matrícula EJC-4231 (c/n: 32043). Durante el vuelo de ida, el UH-60L de matrícula EJC-2176 (c/n: 70-2664) sería la plataforma para fotos y el UH-1N posaría; durante el desembarco el Black Hawk orbitaría sobre el Bell; en el trayecto de regreso este último sería la plataforma desde la cual se tomarían las fotos.

El segundo briefing y las instrucciones quedaron claras para todos en tierra. Cada uno fue a su punto de despegue y salimos. Pero una coordinación originalmente hecha para mí, que implicaba ir en el centro del helicóptero, cambió al momento de abordar y quedé en una de las sillas laterales completamente a la vista para el fotógrafo. ¿Solución?, quedarme completamente quieto para tratar de no dañarle las tomas.

Ese corto vuelo fue un poco agitado por la falta de comunicación entre fotógrafos y aeronaves, lo que se subsanó más o menos bien con instrucciones visuales. A pesar de eso, y con el miedo de que no le salieran bien las fotos a Santiago, se hizo el primer recorrido. En el segundo se cambiaron los papeles y me tocó el turno de tomar las fotos.

Traté de jugar con bajas velocidades de obturación disparando ráfagas, pero luego el Black Hawk se alejó y obligó a un cambio de lente más largo y menos estable. Aun así hice varias fotos y casi al final le solicité a la tripulación que le pidiera al Black Hawk hacer algunas maniobras. En el primero casi que se perdió del visor y la situación para tomar las fotos se complicó, pero al final quedaron algunas buenas, incluso durante el aterrizaje del UH-60L.



Lo que siguió también tuvo su grado de emoción: yo me quedé a bordo e hice un nuevo viaje. Al llegar desembarqué y tomé fotos desde tierra del aterrizaje y bajada de los alumnos. A la siguiente oleada abordé de regreso. El recuerdo más ingrato: la tierra que llenó todo el equipo fotográfico.

Fuimos testigos de la impresionante operatividad de la zona cuando el UH-1N tuvo que suspender temporalmente sus vuelos debido a que un AH-60L Arpía III de la Fuerza Aérea Colombiana estaba realizando entrenamiento de polígono en una zona más o menos cercana a la del desembarco. Minutos después se reanudó la operación y, luego del último viaje con alumnos, el helicóptero regresó por nosotros y aterrizó finalmente en la base con las últimas horas de luz del día.

Lo que siguió fue una rápida coordinación para unas últimas fotos nocturnas que quedaron bastante bien y, luego, a descansar para regresar de Bogotá al siguiente día.

El resultado de este viaje fue mucho conocimiento aprendido de la experiencia de Santiago Rivas. Eso, creo yo, es lo más valioso. Pero además haber probado nuevamente lo difícil, pero gratificante, que es hacer fotos aéreas de helicópteros en movimiento, sobre todo buscando lograr imágenes diferentes e impactantes.



La producción: dos vehículos iluminando al Black Hawk

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